Orientación vocacional
¿Cómo afrontar el estrés escolar?
La familia tiene un papel muy relevante en estas edades en que los niños no tienen percepción de fracaso cronificado, y su estrés depende totalmente de superar los aprendizajes que los adultos esperan que consiga.
Algunas actuaciones por parte de los padres son las siguientes:
La familia puede crear un entorno que facilite el aprendizaje académico, acostumbrando al niño a leer (u hojear) cuentos, a jugar con pinceles y lápices, a colorear, a escuchar historias, a múltiples actividades que son lúdicas para los pequeños y pueden ser abordadas por la madre o padre con el niño durante momentos de la jornada o fines de semana, relajados y gratificantes para ambos.
Los padres deben estar en contacto estrecho con el profesorado, en los inicios de la escolaridad, pues los primeros momentos de cómo un niño afronte el trabajo escolar y se adapte serán determinantes y predictores de su éxito escolar y adaptación posterior.
Los padres pueden hacer comprender al niño que lo importante es realizar el trabajo diario y esforzarse, aunque no se consigan resultados eficaces al principio.
Algunas de estas actuaciones de los padres, dirigidas a evitar sentimientos de fracaso y estrés, que son además extensibles a otros problemas escolares, son:
- Apoyar con cariño y manifestaciones afectuosas que compensen la autodesvalorización del niño. Dedicarle tiempo.
- Animar y destacar sus puntos fuertes (por ejemplo: deporte, juego físico, habilidades o destrezas manuales, etc.), capacidades e intereses. Utilizarlos para compensar sus limitaciones en el terreno escolar.
- Animarlo siempre, hacerle ver los éxitos en el terreno escolar, trasmitirle optimismo y confianza en superar sus dificultades.
- Demostrar que se le acepta como es y destacar su progreso en otras áreas, su desarrollo humano.
Niños hiperactivos
Cuando las relaciones con nuestros hijos se complican y generan mucha ansiedad es conveniente consultarlo con un pediatra y plantearse la posibilidad de que exista alguna causa para estos comportamientos que no tenga que ver con la educación que le hemos dado o con la elección de una guardería poco adecuada. Una de las posibles causas puede ser el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.
El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un trastorno de origen neurobiológico que se caracteriza por el déficit de atención, impulsividad y/o hiperactividad excesiva o inapropiada para la edad del niño, dificultando su desarrollo. Aunque la causa es de carácter neurobiológico, los síntomas pueden agravarse en condiciones ambientales o adversas.
La ansiedad ante los exámenes
Ante el examen el hecho de tener que realizar un examen es normal que surja una fuerte ansiedad que puede llevarnos a un desequilibrio psíquico y a la pérdida del control de la situación, lo que influirá en nuestra atención, concentración y rendimiento. Para superar este estado de ansiedad que aparece sobre todo en los momentos previos al examen es muy útil aprender diferentes técnicas de control que nos permitan restablecer nuestro equilibrio interno físico y mental y volver a tomar el control de la situación.
Habilidades de concentración y reducción de la ansiedad
Dentro de este grupo de habilidades que nos permiten la recuperación del control se encuentran las técnicas de relajación y los ejercicios de respiración.
Las técnicas de relajación son un procedimiento que necesita práctica para que sea efectiva, es decir, mediante la aplicación continuada de esta práctica llegaremos a conocer nuestro cuerpo y a detectar cuando aparecen los síntomas que actúan como señales de alarma de aparición de la tensión física y mental, lo que nos llevará a actuar y a ser capaces de relajarnos en pocos minutos.
Unido a los ejercicios de relajación, se encuentran los ejercicios de respiración. Estos como ya se ha dicho, disminuyen la fatiga y facilitan la memoria, la atención y la concentración.
El ejercicio de respiración se resume en los siguientes pasos:
1. Inspirar el aire por la nariz manteniendo la boca cerrada y elevando el abdomen.
2. Sujetar el aire durante unos momentos.
3. Expirar por la boca o nariz muy despacio, repitiendo todo el proceso sucesivamente.
Cuanto más despacio se produzca la expulsión del aire a través de la boca o nariz, mayor será la sensación de bienestar, tranquilidad y disminución de la fatiga.
EL DIA DE ANTES.
El día anterior al examen no debemos dedicarlo a estudiar desmesuradamente aquello que aún no hemos aprendido; el hacerlo supone aumentar nuestra ansiedad, genera un bloqueo mental y no se consigue el objetivo de aprender lo que aún no sabemos.
Debemos levantarnos a la misma hora de siempre, realizar nuestras actividades habituales de ese día; si tenemos que ir a clase, debemos ir.
Es conveniente siempre que se pueda realizar algunas actividades de distensión como el ejercicio físico, que si lo practicamos habitualmente relajará nuestras tensiones (el ejercicio físico relaja cuerpo y mente), salir a dar un paseo o una vuelta, pero nunca volviendo tarde para poder irnos a la cama temprano y dormir lo que nos permitirá estar descansados para el día siguiente.
Realizaremos una cena ligera con unos alimentos adecuados.
Durante este día se pueden realizar ejercicios de relajación (una vez por la mañana y otra por la noche antes de irnos a dormir).
Existen estudiantes la que la noche anterior al examen trasnochan, es decir, se quedan hasta altas horas de la madrugada estudiando. Esto es sumamente contraproducente puesto que además de alterar el sueño, no se descansa adecuadamente.
Siguiendo los consejos anteriores, al relajarnos durante el día, evitaremos la fatiga, la ansiedad, el bloqueo mental y contrariamente a lo que pensamos
no se olvidará lo que hemos aprendido, ya que de esa forma logramos restablecer nuestra estabilidad emocional evitando la fatiga física y mental .